miércoles, 28 de marzo de 2018

Taller de escritura creativa y terapéutica...


Hace un par de meses participé en un taller de escritura terapéutica. Nunca había ido a un taller de escritura, ni de ese tipo, ni de ningún tipo.

Hablaba la facilitadora del poder de todo ser humano de plasmar ideas a través de la escritura, con mayor o menor floritura. Y la capacidad de la escritura para decir cosas que no logramos estructurar a través del habla, para somatizar problemas, desahogarnos, compartir sentimientos, etc. etc. etc.

Sinceramente, fui con bastante desgano. Más por cumplir con un compromiso, que por iniciativa propia.

Fue una experiencia interesante.

Escribo desde hace como 30 años, o más. Pero nunca por requerimiento. Escribo “cuando me nace”. Porque me provoca. Igual me viene una idea esperando el autobús, y a falta de otro medio, lo escribo en el celular. Escribo igual a las 10 de la mañana que a las 3 de la madrugada. Escribo triste, molesta, feliz, desilusionada, esperanzada. Escribo.

Pero no “a pedido”. Allí aprendí a escribir bajo presión. Eso de “te digo una frase y te doy 10 minutos para escribir lo que quieras” fue un reto sorprendentemente fácil de cumplir.

Incluso leyeron historias y luego nos pidieron escribir una nueva historia nacida de la lectura anterior. Historias acerca de fotografías. Historias sobre la base de una sola palabra.

¿Qué si me gustaría repetirlo?

Sinceramente no.

Pero, suprimiendo la odisea de ir y regresar del lugar donde se dictó el taller, la verdad, me agradó.

Tenía mucho tiempo sin escribir, y a raíz del taller me reencontré con ese mundo donde puedo quedar absorta fácilmente.

Si me animo  un día de estos publicaré algo más estructurado que estos pensamientos o anécdotas que suelo compratir.