lunes, 5 de agosto de 2013

El pasado, mejor en el pasado...



¿Alguna vez les ha sucedido que alguien importante de su pasado regresa? ¿No les pasa que, si es que sentían algo positivo por ese ser, hacen a un lado las razones, importantes o someras, que llevaron a la separación???

No hablo de que un ser querido se vaya a vivir a otro continente y dure 5 ó 10 años sin regresar esperando formalizar la ciudadanía. No les hablo de que circunstancialmente hayan encontrado trabajos en sitios lejanos (aún en el mismo país) y hayan armado sus propias vidas, sus propias rutinas, sus propios compromisos, que les dificultan profundamente montarse en un carro y rodar 5, 6 horas, para ir a tomarse un café y darse un abrazo.

Les hablo de distanciarse EMOCIONALMENTE de una persona que ven a diario. Les hablo de que una persona deje de hablarles, literalmente, y cuando ustedes preguntan ¿qué pasó?, la otra persona contesta “No tengo que darte explicaciones!”. Así nada más, sin anestesia, sin pasar por GO, ni cobrar 200.

Lo estúpido de mi parte es que pasaron años, y como estábamos en el mismo trabajo, no me quedaba sino ver y ver y ver a esa persona, a diario. Hasta que me acostumbré a que no existía.

Debí siempre recordar que:
 

Cuando las cosas pasan, pasan por una razón, y cuando no pasan, también hay una razón.


Llegó un momento en que asuntos laborales nos unieron someramente, y comenzaron los saludos protocolares, nada más. Apenas hubo una sonrisa de más, un chiste, o un comentario común, no perdió oportunidad para decir: “No te confundas, nosotros JAMÁS volveremos a ser amigos!”.

¿No les parece que con todo eso cualquiera tiene bastante para no volver a intentar nada más, nunca más? ¡Ah! ¿Pero quién dijo que yo razono???

Ya no trabajamos juntos, gracias a Dios.

Hace poco le envié un mensaje consultando algo técnico. Contestó con mucha amabilidad, más de lo que había preguntado. Se intereso por mi situación actual (que ya he comentado en otro post), preguntó por la salud de mi madre. Así que yo le pregunté por su hijo. Por su mujer que es una buena, aunque lejana, amiga.

Comenzó, aparentemente, un trato cordial. Estos días estuvimos conversando mucho, recordando lo bien que nos llevábamos antes, lo compatibles que éramos, etc.

Y cuando ya me confié de nuevo salió echándome en cara (por fin) que había pasado en aqueeellaaaa época. De una manera directa me dijo mentirosa, y un montón de cosas más. Me di cuenta que había puesto mi confianza nuevamente en una persona que, quizás, sólo quería “sacarse un clavo”, como decimos en mi país.

Y es triste, no sólo por la situación en sí, sino porque, en el fondo, siempre pensé que era una excelente persona, y por mucho tiempo extrañé su amistad. Y ahora probar la semblanza de un nuevo inicio, limpio, sin arrastrar el pasado, sin preguntar ¿qué pasó? ¿o qué no pasó? …pues esto!

Lo más estúpido es que, otra vez, él dijo la última palabra, y me dejó hablando sola.

¿La ventaja? Soy mayor, más experimentada, si bien no lo suficiente para volver a creer que la gente “es buena por naturaleza”, si lo suficiente para no lamentarme por los rincones por semanas o meses. Además, ahora no tengo que cruzármelo a cada rato, y eso sí que es una ventaja, jejeje


 

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